Entre
suspiro y suspiro,
el fuerte
y brusco viento...
Abrió las frágiles
jaulas y jaulas
de
aquellas hojas atadas a su árbol.
Dejando
las ramas desnudas y desprotegidas...
¡Hojas y
hojas volaron sin preocupación alguna!
¡Volaron y
volaron!
¡Sintieron
y sintieron!
¡Vivieron
y vivieron!
El placer fluía
por sus brechas.
La mágica
y mágica brisa las guiaba.
El viento
las acariciaba libremente.
Libres y
libres eran... Fueron.
Hojas
verdes se convirtieron en marrones.
Al partir
de sus jaulas y jaulas de cristal.
Yacen en
tierra viendo acechar al invierno.
Sí, el
invierno que frio y frio llega.
Las
conciencias de aquellas y aquellas fugitivas
son
removidas y removidas por el frio.
Lamentan
haberse perdido sin remedio,
lamentan
haberse alejado y alejado.
Sufren
aquellas y aquellas hojas valientes e ignorantes.
Las que se
alejaron para volar y volar, cuando ya tenían un destino.
Para
sentir y sentir, cuando realmente ya estaban sintiendo.
Para vivir
y vivir, cuando ya estaban viviendo...
SIN MORIR
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