No soporto aquellos momentos en los que no tienes nada que hacer. Me provocan estrés. Sí estrés. Se podría decir que tengo un poco de hiperactividad o que necesito hacer algo todo el tiempo. Y es verdad. Encuentro absurdo malgastar un magnifico día tumbada en el sofá, sin ganas de hacer nada. Así que siempre me dedico a hacer algo, sea o no de provecho.
Muchas veces escribo, ya lo podéis comprobar vosotros mismos. Pero, en otras ocasiones me dedico a hacer cosas que son exclusivamente para mí. Que me hagan feliz -o que me tranquilicen-. Como por ejemplo: salir a correr, leer, decorar mi habitación a mi manera, tocar la guitarra, bailar, hacerme un té calentito, pensar, etc. Y os diré que realmente el hecho de dedicarme unos minutos al día a mi misma, funciona. Me hace sentir más importante, más grande y segura.
Porque la vida es escasa y hay que aprovecharla. Pero... ¡siendo feliz, no fingiendo serlo!
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