jueves, 21 de mayo de 2015

Impotencia


Crecimos inocentes, rodeados de falsas esperanzas sin pies, ni cabeza. Nos creímos todas aquellas aventuras de caballeros que buscan doncella, todas las películas Disney habidas y por haber, y todas las historias que nos contaban antes de ir a dormir. Felizmente ignorantes, vivimos la infancia más estereotipada de todas.  Nos taparon los ojos con un manto estampado de dibujos animados, los cuales siempre lucían sonrientes y coloridos.
Ahora, el viento ha levantado este manto y ha dejado ver a nuestros ojos. Los que, asombrados, han visto a la sociedad desnuda, con sus defectos e imperfecciones al aire. 
El dinero no sale de las paredes como nos muestran en “El Dorado”. Los malos de la películas no tienen porqué ser  siempre mujeres. De hecho, ahora, son políticos con dos dedos de frente y millones de euros escondidos en paraísos fiscales. Los animales no cantan, ni ayudan en las tareas del hogar. Aunque, hace falta destacar, que son más cívicos que algunas personas. Las mujeres no necesitamos ser rescatadas por príncipes azules, principalmente, por que este es un espécimen nunca visto. Las máquinas no funcionan por arte de magia, funcionan a base de destrozar el planeta. Y para terminar, no todas las historias tienen un final feliz.
La indignación que se siente ante estas situaciones es debida a la impotencia en la que nos encontramos. Estamos ante la catástrofe dispuestos a darlo todo para cambiar el mundo, pero no tenemos recursos. Podemos gritar, manifestarnos e, incluso, bombardear  las redes sociales con nuestras quejas. Pero los de arriba seguirán igual: darán falsas  soluciones, nos prometerán cambios y, luego, seguirán contando sus billetes sentados en butacas de cuero.
Desde pequeños soñamos en cuentos de hadas, cuentos maquillados con miles de mentidas asombrosas. Mentidas que ocultan la realidad de una sociedad manipulada y estereotipada. Mentidas que nos hacen ser impotentes a todo.

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