Entre tanto soñador y gente ilustre, allí estábamos nosotros. Con los pies en la tierra, la mente en el cielo y los sentimientos enredados. Buscando oportunidades desesperados, y todo y el resultado nulo, la esperanza no nos sobraba. Demasiadas ilusiones pasaban volando por nuestra cabeza alborotada, ninguna lograba aterrizar. Debido, obviamente, a la situación actual.
Una situación deplorable: acciones que caían al suelo, desapareciendo. Familias luchando por el pan de cada día, con todas sus fuerzas. Gente en el paro, buscando hasta el más mísero de los trabajos. Políticos sin escrúpulos, observadores del espectáculo. Precios que subían y nóminas inversamente proporcionales. Cada día era y es una lucha constante.
La sociedad se rige por los adinerados ignorantes, y los ilustres soñadores -a los que el dinero les manca- están sin oportunidades y, únicamente, con ESPERANZA.
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