miércoles, 24 de mayo de 2017

Maldito el destino que te puso en mi camino



¡Maldito el destino que te puso en mi camino y maldito tú, por haber huido de él! Pues desde aquel instante, no logro sacarte de mi mente. Has echado raíces en mi cabeza y te has enredado entre mis delirios. Haciendo así que, día tras día, me pregunte impaciente dónde has ido y dónde irán a parar tus versos.
Posiblemente lleguen a oídos de gentes nobles e ilustres soñadores… Es un hecho que tu talento no podía seguir enjaulado. Lástima que no entendieras cómo otros llegaban a apreciarlo. Ya que, en mí, tu palabra hacía del mar turbio, la calma. 

Tal vez, en otra época, el caprichoso destino cambie de rumbo hacia lo perdido. En busca de tu retórica o cualquier otro resto de tu arte prohibido. Así, permitiéndome sentir de nuevo alguno de tus versos, aunque no sean correspondidos. Mientras tanto, ahora, me resigno a permanecer en el olvido… 

En tu olvido.

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